lunes, 29 de noviembre de 2010

.éloignement

No entiendo cómo puede ser tan difícil encontrar gente que valga la pena el maldito esfuerzo. Llegó un punto -hace años, hace tantos años que ya no recuerdo cómo éramos mi vida y yo antes de que sucediera- en el que simplemente dejé de buscar: no me interesó nunca más. Es el día de hoy que nada me parece más una perdida de tiempo que relacionarse con otros individuos y socializar.

Recuerdo un fragmento de Ernesto Sábato en El Túnel (vaya si habré leído unas cuantas veces ese libro) donde Pablo Castel dice que las personas y él están separados por un túnel transparente, a través del cuál pueden verse pero no oírse y entenderse. En otro fragmento, Pablo dice que hablar con otras personas es como tratar de explicarle algo a alguien a los gritos, en ruso. Sí, definitivamente estoy de acuerdo.

Uno siempre se pregunta cosas, sobre todo cuando se procura a sí mismo la soledad más absoluta posible. Después de unos años uno deja de preguntarse cosas, venciendo así a la naturaleza humana. Ya de por sí elegir la soledad de por vida es vencer a la naturaleza humana, tan asquerosamente sociable -amo el lenguaje, pero la palabra sociable me produce una repugnancia que llega muy lejos de toda explicación.

Tengo fragmentos y fragmentos de diario íntimo que podrían afirmar y reafirmar todo lo que estoy diciendo ahora, en caso de estar realmente diciendo algo. Nada innovador, por supuesto. Estoy convencida de que todo se ha dicho y se ha hecho. No hay más nada. La actualidad es una nulidad absoluta y ridícula. Todo lo que había por decir en este mundo se fue con Alejandra Pizarnik.-

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